Al día siguiente, día laborable, fui, como cada día laborable, a comer a casa de mis padres. Jaime no: Lógicamente fue a comer con su mujer. Así que ese día no nos vimos. Me fui a casa y, por el camino, pensé en llamar a mi cuñada para ver como seguía, pero decidí dejarlo para la noche, cuando estuviera con Almudena. Llegó sobre las ocho de la tarde y luego, no sé si serían las nueve, sonó el teléfono. Era Jaime. La conversación transcurrió normalmente: "Te iba a llamara ahora"; "¿Cómo está Nuri?"; "Parece que le duele un poquillo, pero mejor",... Sin embargo, de repente, la conversación cambié en un instante. Jaime me preguntó si estaba Almudena conmigo. Respondí afirmativamente y me dijo que pusiera el altavoz del móvil. Así lo hice, pensando que Nuri quería decir algo a los dos a la vez (caracol viudo, caracol viudo). Entonces Jaime lo dijo. Dijo: "ESTAMOS EMBARAZADOS"...
Silencio. De sorpresa. De incredulidad. De alegría. Silencio. Como en un capítulo de los Simpsons. Silencio. Sólo faltaba el canto de un grillo. O quizás una fanfarria como aquellas que sonaban en "Cristal". Silencio... "¡Eooo! ¡Decid algo!" Dijo Jaime. Yo, de milagro, conseguí contestar "Enhorabuena, supongo ¿no?" Más silencio. Oíamos como Jaime le decía a Nuri, entre risas nerviosas "S'han "quedao callaos". No dicen "ná"". De repente se rompe el silencio y Almu y yo comenzamos a hablar atropellada y emocionadamente. Aún no habíamos colgado con Jaime, con una sonrisa exagerada en nuestras caras, cuando Almudena llamó a mis padres. Se puso Balbino, mi padre. Ella iba hablando con él, riendo y sonriendo y yo, al fin, colgué la llamada con Jaime. Y Almudena, de golpe, se quedó sin palabras y se puso a llorar, emocionada, de la alegría. Me pasó el teléfono y a poco empiezo yo a llorar también. Conseguí aguantarme y, tras terminar la charla, las lágrimas de alegría consiguieron mi permiso para asomarse a mis ojos.
Según parece, los hechos sucedieron así: Jaime y Nuri hicieron el teste del predictor. Estaban los dos juntos. Jaime cogió el test y, pese a que ponía que había que esperar cinco minutos, el resultado era tan claro instantáneamente que, pese a tranquilizar a Nuri hablando precisamente de ese tiempo de espera, él salío al comedor diciendo "¡Lo que hemos hecho!¡Madre mía!" Pasado el tiempo fueron a mirar de nuevo. No había duda. Resultado positivo. Afirmativo-correcto-si. Así estaban cuando llamaron a la puerta Balbino e Isabel. Sin saber ni qué hacer, decidieron no decir nada. No lo habían digerido aún. La visita era por el tobillo de Nuria y así se quedó, charlando del tobillo y de miles de cosas pero nada de bebés. Los padres se fueron a casa. Y ellos se quedaron, nerviosos, solos en casa. Estuvieron pensando qué hacer y decidieron llamar a la familia. Al llamar a mis padres ellos pensaron "¡Vaya hombre!¡Podían habérnoslo dicho antes, en su casa!" Luego, cuando nos llamaron a nosotros... Bueno, eso ya está explicado.